Alternativas en la expansión del negocio: las sucursales y filiales

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​​​​Du​​​​Publicado el 11.1.2023


A la hora de expandir o ampliar sus operaciones empresariales en una nueva jurisdicción, una de las primeras decisiones se tendrá que tomar es si la empresa operará a través de una sucursal (“branch office”) o una filial (“subsidiary”). ¿Cuál es la forma jurídica más eficiente para expandir su negocio (extranjero) en España?




Con carácter general, una gran parte de las expansiones de negocio se han articulado a través de sociedades filiales en España. Así lo acredita la estadística registral, en cuyo anuario del 2022 quedó reflejado que se constituyeron aproximadamente 100.197 sociedades, de las cuales predomina en un 98% la constitución de sociedades de responsabilidad limitada, frente a las 162 sucursales inscritas. 

No obstante, y dado que cada plan de negocio es único y requiere un enfoque particular, a continuación, planteamos una serie de consideraciones y diferencias claves respecto de la apertura de una sucursal o la constitución de una sociedad que se deben tener en cuenta para seleccionar la forma jurídica más eficiente para expandir sus operaciones empresariales en España.

Personalidad jurídica propia

Una sucursal es un establecimiento secundario a través del cual se desarrollan, total o parcialmente, las mismas actividades empresariales de la sociedad matriz (el establecimiento principal) y en nombre de ésta. Así, se trata de una extensión directa de la sociedad matriz que carece de una personalidad jurídica propia, siendo dependiente del establecimiento principal, aunque goce de cierta autonomía de gestión. 

Por contraposición, una sociedad filial es una entidad jurídicamente independiente, con personalidad jurídica propia, habitualmente constituida en una sociedad mercantil (SL o SA), donde la totalidad o mayoría de las participaciones sociales o acciones se atribuye a la sociedad matriz, integrándose así un grupo de empresas para la mejor operatividad comercial. Al estar dotado de una personalidad jurídica propia, ésta que actúa de forma autónoma en el mercado, pudiendo desarrollar actividades económicas distintas a la de su matriz. En consecuencia, para su constitución se requiere, entre otras, una denominación social propia, un objeto social delimitado y un capital social mínimo.

La dotación (o, la ausencia) de una personalidad jurídica propia tiene, como seguidamente comentaremos, una serie de consecuencias jurídicas relevantes. 

Responsabilidad y asunción de riesgos

Dado que la sociedad filial –dotado de personalidad jurídica propia— es considerada una entidad jurídica diferenciada e independiente, y que cuenta con un patrimonio separado de su matriz, la responsabilidad de la sociedad matriz es limitada. Es decir, la regla general es que la sociedad matriz no responda por las deudas u obligaciones que la filial asume desarrollando sus actividades empresariales.

Al contrario, en la sucursal, siendo un ente dependiente de su establecimiento principal, la sociedad matriz responde solidaria e ilimitadamente de las obligaciones contraídas (deudas, créditos, obligaciones fiscales) por la sucursal, dado que no se forma un patrimonio jurídico-social separado de la sociedad matriz. 

En síntesis, una de las desventajas a destacar en caso de abrir de una sucursal en España, es que, si ésta sucursal atravesase dificultades financieras u otras obligaciones legales, los activos de la sociedad matriz pueden entrar en peligro.

Inscripción en el Registro Mercantil

Aunque ambas figuras han de inscribirse en el Registro Mercantil mediante escritura pública, sólo las filiales causan inscripción registral verdaderamente independiente. 

Así, aunque el procedimiento de apertura e inscripción de las sucursales parece un procedimiento más simplificado, en su tramitación sí requiere la publicación o divulgación de varios documentos fundacionales y/o contables a la sociedad “creadora” de la sucursal. 

En este sentido, en la apertura de una sucursal no requiere, entre otras cuestiones, (i) unos estatutos sociales propios, ya que se aportan y se rigen por las de la sociedad matriz; (ii) el certificado negativo de denominación social del registro mercantil central que acredite que no existe otra empresa con idéntica razón social; ni tampoco (iii) formular unas cuentas anuales propias u adicionales que sean objeto de inscripción, pues serán las de la sociedad matriz las que deban inscribirse en el Registro Mercantil. 

Ahora bien, dado que las sucursales califican como un establecimiento secundario, en dicha sucursal no puede radicar el “centro de efectiva administración y dirección de la sociedad o su principal establecimiento o explotación”, por lo que sí requiere la inscripción de su propio domicilio social que es diferente del de la sociedad. 

Control

Por la propia naturaleza dependiente de las sucursales, y a pesar de gozar de cierta autonomía operativa, estas no cuentan con un órgano de administración “real”, sino que deben designar a un representante permanente (un apoderado), que cuente con las facultades suficientes para llevar a cabo las actividades de la sucursal. Lo anterior invita a pensar que las sociedades matrices ostentan un mayor control sobre las actividades empresariales que desarrolle la sucursal, en la medida en que los poderes que la sociedad matriz otorgue al representante permanente pueden limitarse o ampliarse a conveniencia de la matriz. 

Al contrario, en las sociedades filiales sí se designa un verdadero órgano de administración y de representación de la entidad, donde, además, las facultades de estos administradores sociales son, en principio, “ilimitados e ilimitables” según la legislación societaria. En la práctica, las sociedades matrices suelen nombrar a directivos y consejeros de otras filiales del grupo, a efectos de mantener todas las entidades del grupo alineadas en una única estrategia general. 

Transmisibilidad y/o modificaciones estructurales

A diferencia de las sociedades filiales, y en la medida en que las sucursales no tienen una personalidad jurídica propia en España, estos entes no son susceptibles de ser transmitidos a otra sociedad ni pueden ser objeto de una modificación estructural. 

Conclusiones

Desde el punto de vista estrictamente jurídico-societario, y a la vista de las diferencias relevantes entre ambas formas expandir el negocio a través de un establecimiento mercantil en España, parece predominar la constitución de sociedades filiales, en la medida en que, dotado de una personalidad jurídica propia, permite limitar la responsabilidad de la sociedad matriz. De este modo, aunque la rama de negocio trasladada a España en una filial atraviese dificultades financieras u otras complicaciones legales, por regla general, dichas obligaciones o responsabilidades no serán trasladadas o asumidas por la sociedad matriz. 

No obstante, hay que tener en cuenta que los establecimientos secundarios enunciados en la estadística registral guardan especial relación con los negocios transnacionales, en la medida en que las mismas fueron abiertas por sociedades extranjeras. Así, no podemos ignorar que dicha decisión podrá, en su caso, guardar una estrecha relación con el régimen fiscal aplicable a tales sucursales y/o sus sociedades matrices; una cuestión que, ab initio, será igualmente relevante a la hora de seleccionar una alternativa u otra para expandir sus negocios en España.

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Ramón Marés

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