El “Triángulo del Fraude”

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​Publicado el 6.6.2023


La Ley 2/2023 (de protección del informante, también conocida como “Whistleblowing”), vigente desde el 13 de marzo de 2023, establece la obligación de las Empresas con más de 50 trabajadores y de todas las entidades públicas de disponer un sistema interno de información mediante el que los trabajadores puedan informar sobre vulneraciones del ordenamiento jurídico en el marco de una relación profesional. 




La implementación del sistema (cuyos dos pilares básicos son el diseño y la implementación de un Canal interno de información, y el nombramiento de un Responsable del sistema interno de información) debe ser completada antes del 13 de junio de 2023. La fecha se amplía hasta el 1 de diciembre de 2023 para las empresas privadas con menos de 250 empleados y los municipios con menos de 10.000 habitantes.

Para crear y poner en funcionamiento el Canal Interno, es preciso crear e implementar un Manual, o Directrices (la nomenclatura puede variar), de procedimiento en el que entre otros contenidos se describan los controles internos implementados en la Empresa (la confianza no es un mecanismo de control) las conductas a evitar e incluso a perseguir, y los detalles de la investigación a llevar a cabo (quién, cómo, con qué medios…). 

Donald R. Cressey (1919 – 1987) fue un criminólogo, penalista y sociólogo norteamericano creador del concepto “triángulo del fraude” (este modelo y las teorías del Dr. Cressey al respecto son ampliamente aceptadas, tanto que se incluyen como guía en no pocos Manuales de Funcionamiento de ese Canal Interno de Denuncias), El “triángulo” es un modelo para explicar los factores que hacen que una persona llegue a cometer algunos de los fraudes (fundamentalmente financieros) que se persiguen precisamente mediante esos Canales Internos de Denuncias, y tiene tres lados definidos como (1) una necesidad financiera percibida y no solucionable, (2), la oportunidad de cometer el fraude, y (3) la racionalización o justificación. Un buen ejemplo puede ser el del empleado o directivo (1) con problemas económicos, que (2) dentro de la estructura de la Empresa tiene acceso al dinero o puede llegar a acuerdos con proveedores, clientes o terceros para, por ejemplo, cobrar comisiones no autorizadas al margen de los cauces oficiales de la Empresa, y que (3) justifica su actuación internamente con argumentos del tipo “estoy mal pagado, no hago sino tomar lo que me corresponde”. 

Los mecanismos de control interno de las Empresas suelen incidir en el segundo de los factores: crear un sistema que permita evitar a toda costa el dar oportunidades de cometer el fraude (obvio, si consideramos que los otros dos factores son estrictamente personales del potencial defraudador). Por ello (obligaciones legales aparte) es tan importante diseñar e implementar ese mecanismo de control y prevención del fraude, y por ello es igualmente importante diseñar e implementar ese Canal de Denuncias: para comprobar que el mecanismo de control funciona, y para prevenir y corregir los fallos que en ese funcionamiento se puedan detectar.

Nada de lo anterior es totalmente nuevo; se puede decir que son puestas al día de ideas expresadas hace mucho, mucho tiempo; incluso siglos: se atribuye a Lenin la frase “la confianza está bien, pero el control está mejor”; y Mark Twain dejó escrito que “si se nos presentaran juntas las ganas de matar a alguien y la ocasión de hacerlo, ninguno escaparíamos de la horca”. 

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Manuel Huerta

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