Yo a usted no le vendo mi producto

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Publicado el 17.10.2023


Dicho así, suena desagradable; incluso algo violento. Pero es una situación que se da o que se puede dar en el funcionamiento diario de cualquier empresa. Y surgen las inevitables preguntas: ¿puedo negarme a suministrar a un cliente? Si sí, ¿con qué justificación? Y si además quien me pide producto o servicios es un competidor… ¿puedo negarme?





La negativa a vender no es en sí misma ilegal, y entra dentro de las facultades propias de la libertad de empresa. No obstante, en determinadas circunstancias, tanto la legislación europea (artículo 102 del TFUE) como la norteamericana (Sección 2 de la denominada Sherman Act) imponen a las empresas con posición dominante en el mercado la obligación de hacer negocios con competidores o clientes con los fines de preservar la libre competencia, evitar monopolios o situaciones de posición dominante en el mercado, y proteger a los usuarios y consumidores finales.

La regla general en este punto es que la negativa a suministrar por parte de una empresa con posición dominante en el mercado se puede considerar un abuso cuando el fin de tal negativa es preservar o aumentar el poder de esa empresa en el mercado a costa del competidor. Igualmente, la regla es que los motivos de la negativa deben examinarse caso por caso.

No solamente las multinacionales están en el punto de mira: cualquier pequeña o mediana empresa puede ser considerada “monopolista” o “con posición dominante”; depende del producto o servicio, del nicho de mercado y de su cuota en ese nicho.

Es necesario añadir que las normas norteamericana y europea no son exactamente iguales; de hecho, ésta tiene un estándar de responsabilidad más bajo que aquélla cuando se trata de calificar una conducta de “no te vendo” como contraria a la libre competencia. En el caso europeo, basta con tener una posición de dominio para estar obligado a vender o suministrar, si la competencia se puede ver afectada. Otros factores que considerar son el carácter indispensable del producto o servicio denegado y el efecto que la negativa puede tener sobre la competencia en general. En cambio, en el caso estadounidense, se toman en consideración otros factores, como por ejemplo la facilidad de acceso de los competidores a ese mismo mercado. Además de esto, la jurisprudencia ha configurado un sistema en el que se requieren otras conductas y otros efectos, como un cambio injustificado en el transcurso de una relación comercial duradera, claros efectos contrarios a la libre competencia, que la operación de que se trata tenga sentido económicamente hablando, pérdida (la jurisprudencia habla de “sacrificio”) de beneficios y perjuicios a los consumidores.

Concluyendo: la negativa a vender o suministrar es en general legítima, pero hay principios y reglas creadas jurisprudencialmente (ya sea por los tribunales norteamericanos, ya sea por el TJUE) como las siguientes: 

La negativa no es legítima cuando quien se niega es una empresa con posición dominante y lo hace para preservar su posición privilegiada en el mercado.

Un proveedor con posición dominante no puede cortar el suministro de raíz y sin justificación cuando se trata de una relación proveedor – cliente mantenida en el tiempo. Sí puede tomar medidas cuando por ejemplo detecta una “amenaza” (el cliente se está aliando con un competidor real o potencial del proveedor) pero no puede cortar el suministro ni tomar represalias contra el cliente (qué “medidas” se pueden tomar sin incurrir en problemas es algo no del todo claro, si bien la Comisión Europea ha reconocido en algún caso el derecho del proveedor con posición dominante a revisar la relación comercial e incluso a darla por terminada, “pero”… dando un preaviso adecuado).

Una empresa que tiene posición dominante en el mercado de las materias primas incurre en abuso de esa posición cuando, con el fin de reservar esas materias para su propia producción de otros productos derivados, se niega a suministrar a un comprador que también usa esas materias primas para crear derivados que son competencia de los anteriores. Se entiende que esto puede acabar eliminando a toda la competencia de la dominante. Lo mismo se aplica a cualquier empresa que tenga un servicio que se pueda considerar “esencial” (en estos casos, la negativa debe justificarse con base en criterios objetivos, técnicos o comerciales relacionados con el servicio de la empresa dominante).

El TJUE también ha especificado que no es necesario esperar a que se produzca la eliminación efectiva de la competencia (obvio, porque el daño entonces sería irreparable), sino que basta con que sea demostrable que no hay alternativas (añadimos: razonablemente accesibles, tanto por disponibilidad como por precio) en el mercado para el producto o servicio “denegado”.

Por supuesto, todo lo expuesto hasta ahora puede chocar, y choca, con otras realidades, verdaderas o no: “no me niego a venderte, pero es que me he quedado sin stock de producto y solamente puedo suministrarte estas referencias concretas”,  o “no me niego a venderte, pero mi seguro de crédito me dice que tienes un impago, y por tanto – comprenderás mi posición – ya no puedo venderte a sesenta días, sino con pago por adelantado”, o “lo lamento, pero ese producto que me pides no va a estar disponible al menos hasta dentro de seis meses, por problemas en fábrica; no nos llegan los componentes de China”… solo como ejemplos.​

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Manuel Huerta

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